Comentaste más de una vez que la inmigración
a Estados Unidos te convirtió en lectora y escritora, ya que la imaginación
te ofrecía una “patria portátil” (“portable
homeland”). ¿Cuáles son los libros
que más te influenciaron en ese proceso de convertirte en escritora?
¡Hay
tantos libros que me inspiraron a convertirme en escritora! Es difícil
escoger sólo unos cuantos. Lo importante es que justo después de
llegar a Estados Unidos me convertí en lectora, algo que no era antes
de emigrar. Me crié en una cultura oral con los mejores cuentistas del
mundo pero, salvo por unos pocos miembros de la familia, ninguno era lector.
Cuando llegué a Estados Unidos, ¡sentí una gran nostalgia!
Además, la escuela no era un lugar ameno. Había un grupo de bravucones
que me perseguían, me insultaban, me tiraban piedras. Todo esto me hizo
más introvertida. Tenía que encontrar otros recursos dentro de
mí misma. Una maestra y una bibliotecaria me acercaron a los libros. ¡Encontré una
comunidad maravillosa, inclusiva y acogedora en el mundo de los cuentos!
Los primeros libros que me influenciaron: adoraba Las mil y una noches,
la historia de Shahrazad y cómo se salvó a sí misma y a
todas las mujeres del reino al contarle esos cuentos al cruel sultán.
Incluso lo transformó en un ser humano y cariñoso a través
del poder de sus historias. Guau, pensaba: “si pudiera hacer lo mismo con
los bravucones del patio de recreo…”
¿Los primeros libros que me influenciaron en inglés? Me enamoré primero
de los poetas, tal vez porque la musicalidad de los versos en inglés me
recordaba la de mi idioma nativo, el español: “The Highwayman”, “In
Flanders Fields”, “The Road Not Taken”, “I
, Too, Sing America”, “There is No Frigate Like A Book”.
Aprendía de memoria todos los poemas que me gustaban y se los recitaba
en voz alta a mis hermanas después de que nos apagaban la luz a la hora
de dormir (¡pobrecitas!).
Como lectora, ¿cuáles son los autores latinos y/o de habla
hispana que más disfrutas?
La verdad es que suelo leer en inglés, salvo la poesía. A menudo
retomo la lectura de Pablo Neruda, César Vallejo, Antonio Machado, Alfonsina
Storni, Nicolás Guillén, Gabriela Mistral, Octavio Paz y Nicanor
Parra, entre otros. También leo los poemas de Chiqui Vicioso, ya que me
envía sus borradores—Chiqui es una maravillosa poeta dominicana,
deben leerla.
También me encantan las novelas de Mayra Montero.
Generalmente lo que leo en español son libros de historia para investigar
temas para mis novelas y cuando la información sólo existe en español.
(Como la obra completa de Salomé Ureña y las escrituras de su hijo,
Pedro Henríquez Ureña, que leí al escribir En el nombre
de Salomé).
Lamentablemente no tuve el mismo entrenamiento en español que en literatura
inglesa, de manera que para mí es más fácil leer en inglés.
Esta es una de las muchas razones por las cuales soy una firme defensora de la
educación bilingüe.
En En el nombre de Salomé escribiste
sobre los logros impresionantes de Salomé Ureña de Henríquez,
la poeta y educadora dominicana que vivió durante una época (el
siglo XIX) en que había mucho prejuicio contra la educación para
las mujeres. ¿Cuáles son los retos modernos para autoras femeninas?
Ya que no vivo, escribo ni publico en ese mundo, dejaría que mis colegas
latinoamericanas comenten sobre su propia situación. Pero sospecho que
confirmarían que todavía existe una desigualdad literaria. En el
mundo entero, las novelas escritas por mujeres no reciben el reconocimiento debido,
ya que muchas veces se descartan como mera diversión en comparación
con las novelas serias y canónicas de nuestros colegas masculinos. Mi
propia novela En el tiempo de las mariposas ha sido tratada en la crítica
como “chick lit histórica” mientras La fiesta
del chivo de Mario Vargas Llosa ha sido pregonada como la novela por antonomasia
sobre la dictadura de Trujillo. Ya veremos con el tiempo, pero es cierto que
el tiempo anda muy despacio, ¡y a menudo trata mejor a
los hombres!
Dijiste en una entrevista con Identity Theory que
como escritora prefieres no vivir dentro de una “burbuja” sino vivir
y participar en el mundo real. También has dicho que ves la ficción
como una manera de entender el mundo verdadero en el que vivimos. Adentrándonos
en esta dualidad, ¿nos podrías recomendar un libro de ficción
y otro de no ficción que nos ayuden a entender mejor nuestra realidad
actual?
Me encanta lo que dijo el gran saxofonista Charlie Parker: “Si no lo
vives, no saldrá del instrumento” (“If you don’t
live it, it won’t come out of your horn”). Creo que todos los
libros importantes nos conectan con las fuentes más profundas de nuestra
humanidad, y así nos recuerdan que tenemos que —como dice el poeta
Seamus Heaney en uno de sus versos— “hacer que rimen la esperanza
y la historia” (Make hope and history rhyme).
Otra vez, creo que son los poetas los que más me ayudan a orientarme
en la vida, ¡y en el trabajo! La poesía me conecta con las raíces
más profundas, la realidad esencial: somos todos una sola familia humana.
Me encanta la poesía de Czeslaw Milosz, el poeta polaco que les recomiendo
a todos. Cuando escribe: “El amor significa aprender a mirarte a ti mismo/como
uno mira las cosas distantes/porque sólo eres uno entre muchos”,
pienso, guau, ¡si pudiéramos vivir y amar de esa misma manera! Una
biografía que sigue conmoviéndome y guiándome es Mountains
Beyond Mountains: The Quest of Dr. Paul Farmer, A Man Who Would Cure the World (2003),
de Tracy Kidder.
Un tema constante en tu obra y en tu vida es el de mejorar el mundo,
desde las hazañas que aparecen en tus novelas históricas —la
expedición para inmunizar al mundo contra la viruela en Para salvar
el mundo y los intentos de derrocar una dictadura cruel
en En el tiempo de las mariposas— hasta tus propios
esfuerzos por mejorar las condiciones de los trabajadores cafeteros con el proyecto
Alta Gracia. ¿Qué puede hacer una persona común y corriente
para mejorar el mundo?
Para añadir un par de revelaciones a mi respuesta anterior, me encanta
lo que dijo Margaret Mead, la famosa socióloga: “Nunca subestimes
el poder de un pequeño grupo de gente decidido a cambiar el mundo. De
hecho, son los únicos que a la larga lo han logrado”. El efecto
acumulativo de tanta gente “pequeña”, cada persona abocada
a vivir las palabras de Milosz (“El amor quiere decir aprender…”)… ¡imagínate
el impacto que eso tendría en el mundo!
Muchas veces mis estudiantes quieren salir al mundo para salvarlo. El de ellos
es un sentimiento muy noble que siempre se debe alimentar; pero mientras tanto,
les digo, miren alrededor. No hay que ir muy lejos para encontrar alguna necesidad
básica, una injusticia, una persona o situación que se beneficiaría
con nuestra ayuda.
Y, ¿cómo servir al mundo? Creo que la mejor manera de servir
es conectándote con tu vocación, lo que te apasiona, tu talento,
y servir al mundo desde allí. Porque en cierto sentido es lo mejor que
puedes ofrecer. Uno de los descubrimientos más impresionantes revelados
con la secuencia del genoma humano en el 2000 fue que, en términos genéticos,
todos los seres humanos somos iguales en un 99,9 por ciento. Esto quiere decir
que cada uno de nosotros tenemos la décima parte del uno por ciento que
nos es única, ¡que sólo nosotros podemos contribuir a nuestra
familia humana! Así que ése es el mejor regalo: descubrir y desarrollar
esa décima parte del uno por ciento que sólo puedes aportar
al 99,9 por ciento que compartimos todos.
Y finalmente, para quienes seguimos tu obra literaria, ¿en qué estás
trabajando últimamente?
Primero, permítanme agradecerles a ustedes y a sus lectores. Nuestra
labor como escritores sólo está realizada a medias, sólo
se completa cuando ustedes toman nuestros libros, hojean las páginas,
le dan vida a los personajes y desarrollan la “película” del
lenguaje a través de la imaginación. Hasta que ustedes encuentran
nuestros libros, ellos son sólo objetos sin vida en una estantería.
Es por eso que poetas como Neruda o Whitman nos hablan como si fuéramos íntimos.
Nos necesitan. Nos pertenecen. Calentamos sus huesos fríos y recordamos
sus canciones aunque ya no estén. Whitman dice: “Esto no es un libro.
Quien lo toca, toca a un hombre”, afirmando la conexión que tiene
con sus lectores. Y afirma Neruda, al final de la Oda a la crítica:
Y ahora, perdonadme, señores,
que interrumpa este cuento
que les estoy contando
y me vaya a vivir
para siempre
con la gente sencilla.
De manera que sí les debo mi agradecimiento a ustedes y a mis lectores.
¿En qué estoy trabajando? Bueno, acabo de terminar una novela
para jóvenes (de cualquier edad) titulada Return to Sender (Devolver
al remitente). Está basada en algunas de mis experiencias aquí en
Vermont al ver la difícil situación de los granjeros con fincas
pequeñas que luchan por sobrevivir frente a los cambios de la industria
agropecuaria. Las fincas pequeñas aquí en mi propio condado emplean
cada vez más inmigrantes indocumentados de México. Estos trabajadores
vienen con sus familias, de manera que hay muchos niños y niñas
mexicanos en nuestras escuelas rurales. Me invitaban a menudo a hablar con los
estudiantes y con los maestros porque hablaba español, entendía
algo de la cultura y había sido inmigrante de niña, aunque en mejores
circuntancias . De modo que, después de ir a muchas clases, decidí escribir
una historia que ayudara a explicar lo que está pasando aquí. La
novela está escrita desde el punto de vista del hijo de un granjero de
Vermont, y también desde la perspectiva de la hija de un inmigrante mexicano
que ha venido a trabajar en la granja. Se va a publicar en enero de 2009, y sé que
Liliana Valenzuela, una magnífica traductora que ha traducido varios de
mis libros, ya está trabajando en la traducción.
Copyright © 2008 by Julia Alvarez. By permission by
Susan Bergholz Literary Services, New York City and Lamy, NM.
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